Pasan de la una de la tarde y don Andrés Aguilar está haciendo un trabajo de plomería en una casa del noreste de Fort Worth, Texas. Todavía es verano y el brutal sol se impone sin una sola nube que se atreva a cruzar en su camino. Es tiempo de tomar un descanso. Sentado a los pies del portal de la casa disfruta de la brisa. Definitivamente a la sombra no se sienten los 104 grados Fahrenheit que azotan al sol.
Don Andrés, como millones de mexicanos, vino a Estados Unidos en busca de oportunidades. Hace diez años lo arriesgó todo, cruzó la frontera junto con su familia para hacer del suelo americano su nuevo hogar. No fue fácil. Pero comenzar de cero aquí ha valido la pena. “La tranquilidad con la que vivo no tiene precio”, dice don Andrés. La inseguridad y la falta de recursos económicos para mantener a su familia en la ciudad de México fueron el catalizador para dejar su querido país.
Rumbo al norte en busca de oportunidades.
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Don Andrés Aguilar abandonó su querido México hace diez años en busca de
oportunidades. En Estados Unidos las ha encontrado, pero no ha sido nada fácil.
Y así como don Andrés millones de personas pusieron sus ojos en dirección norte, motivados por una vida mejor y más segura. Sus deseos de progresar desataron un éxodo de mexicanos que, con papeles o sin papeles, cruzaron la frontera persiguiendo su sueño.
La vida en dólares
“Del otro lado” las cosas marchaban bien. El país estaba en auge. Los mexicanos encontraban trabajo sin mucho problema. Amigos, familiares o conocidos recibían a los recién llegados para hacerlos sentir como en casa y conectarlos con empleadores. ”Ganarse la vida en dólares si que puede hacer la diferencia”, es lo que muchos venían pensando.
Poco a poco y a su nivel, los inmigrantes asimilaron el espíritu consumista de Estados Unidos. La gente demostraba lo bien que le estaba yendo comprándose una camionetota pick up o suburban. Muchos se hicieron de casa nueva, y los que pudieron se integraron también a las listas de usuarios del dinero plástico. Que al cabo que los bancos ofrecían las tarjetas de crédito sin problema. Al andar cortos de efectivo el costo de la felicidad se podía pagar a plazos mensuales. Gastar más de lo que se ganaba era normal para la mayoría de la población de Estados Unidos.
Pero un día, como a baldazo de agua helada, despertamos de esa fantasía.
De dólares a dolores
Las noticias que dominaban los encabezados y noticieros ya no eran sobre el auge económico, sobre los números récord de casas que se estaban construyendo, o sobre el poder adquisitivo de la población. Los despidos de personal eran la historia del día en todos los medios. Luego de vivir un estilo de vida al limite la gente comenzó a perder sus ingresos, y con los despidos también se esfumo su capacidad para mantener ese ritmo de vida.
Quienes creían estar viviendo el sueño americano al haber comprado una casa o un auto ostentoso comenzaron a vivir su peor pesadilla. Ya no los podían pagar. Y así de la mano de la recesión se desato la crisis hipotecaria.
Galería
Sobreviviendo la crisis
Más de dos años han pasado desde que técnicamente, dicen expertos, terminó la recesión. Sin embargo, las secuelas de la deteriorada economía se siguen sintiendo.
Muchos mexicanos desertaron, otros decidieron soportar la crisis. Ese es el caso de Maria de la Torre y Martha Hernández, amas de casa que han sentido los efectos de la recesión en sus hogares.
Para muchas amas de casa "ha sido muy difícil" sobrevivir la crisis.
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La crisis económica en Estados Unidos ha obligado a muchas familias mexicanas
a desertar en su búsqueda del sueño americano, otros decidieron soportar la crisis.
Las secuelas de la crisis
A pesar de que expertos dicen que la recesión ha terminado las secuelas de la crisis se siguen sintiendo.
- El desempleo:
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| Anuncio afuera de una licorería de Fort Worth, TX |
Afortunadamente poco a poco las cosas han ido mejorando. El país, dicen expertos, esta “en proceso de recuperación”. En agosto de 2011 el índice de desempleo había bajado ligeramente, a 9.1%. Sin embargo, según el Departamento del Trabajo, más de catorce millones de personas que están buscando trabajo siguen sin poder conseguirlo.
- El poder adquisitivo:
Según datos de la oficina del Censo desde que comenzó a desmoronarse la economía en el año 2007, el ingreso promedio de un hogar en Estados Unidos ha disminuido 6.4 por ciento. De $52,823 en el año 2007 a $49,445 en el año 2010, el más bajo que se ha visto en los últimos trece años. Las estadísticas son más sombrías entre los hogares hispanos, con una disminución del 7.2%. De $40,673 en 2007, a $37,759 en 2010.
La última recesión ha sido tan dura que ha llevado a algunos a catalogar la década del 2000 al 2010 como la “década perdida”.
- La pobreza:

Encabezados del día 14 de septiembre en los periódicos
Dallas Morning News y Star-Telegram
Como si el alto índice de desempleo y la disminución del poder adquisitivo no fueran suficientes barómetros de la precaria situación económica, hay un factor más que considerar. El número de personas que viven en la pobreza rompió récord el año pasado.
Las últimas cifras de la Oficina del Censo indican que en Estados Unidos en el año 2010 había 46.2 millones de personas viviendo en la pobreza. Un aumento de 2.6 millones de personas comparando con el 2009 y el mayor número de personas viviendo en la pobreza en los últimos 52 años.
La situación “está difícil”
Diez años han pasado desde que don Andrés Aguilar y su familia llegaron a Estados Unidos. Él reconoce que la situación económica actual esta muy difícil. La recesión arrasó con su trabajo en el campo de la construcción, así como con el empleo de muchos de sus compañeros. A pesar no tener trabajo seguro don Andrés no pierde la fe; dice que se siente optimista. “Mientras me dedique a buscar, buscar, y buscar voy a encontrar las oportunidades”, asegura. Con todo y la recesión don Andrés dice estar mejor en Estados Unidos que en México.
Don Andrés también tiene un incentivo muy importante para mantenerse animado. Su hija asiste a la Universidad de Texas en Austin. Eso le llena de orgullo. Ha logrado su propósito de proveer una mejor vida para su familia, pero con la universidad también vienen mas gastos. Otra razón para no dejar de buscar oportunidades.
¿Se esfumaron las oportunidades?
Si utilizáramos las estadísticas migratorias para divisar el rumbo que los mexicanos están tomando en busca de oportunidades, nos llevaríamos una gran sorpresa. Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía mexicano (INEGI), a finales del año 2010 la tasa de emigración en México tuvo un saldo nulo. Por cada mil habitantes en México tres salieron al extranjero y 3 ingresaron al país. Una drástica diferencia en comparación con las estadísticas registradas a principios del 2006. En ese entonces por cada mil habitantes catorce salían al extranjero y solamente 3 regresaban al país.
¿Por qué perdieron los mexicanos el interés en emigrar a Estados Unidos? ¿Será que esta nación ha perdido su reputación como el país de las oportunidades?
Según la doctora Susan Gonzalez Baker, directora del Centro de Estudios México-Americanos de la Universidad de Texas en Arlington, los mexicanos no han perdido la fe en Estados Unidos. La disminución en la inmigración de mexicanos a este país es un fenómeno temporal que se debe principalmente a dos factores: la precaria economía y las estrictas medidas que se han tomado para combatir la inmigración indocumentada.
No es que las oportunidades se hayan terminado, añade Gonzalez Baker, sino que ahora les es más difícil alcanzarlas. Especialmente porque los campos laborales, como la construcción y manufactura, que tradicionalmente habían empleado a muchos inmigrantes mexicanos han sido los mas golpeados por la crisis económica.
El futuro son los inmigrantes
Los inmigrantes: el futuro económico de Estados Unidos.
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La doctora Susan Gonzalez Baker, directora del Centro de Estudios México-Americanos
de la Universidad de Texas en Arlington, explica como la fuerza laboral hispana e inmigrante
es fundamental para la salud económica y futuro del país.
Mientras la economía se despierta del coma en el que ha permanecido durante los últimos años, las oportunidades para mexicanos, americanos, asiáticos o para cualquier persona serán difíciles de alcanzar. Sin embargo, a futuro, las oportunidades abundaran para los mexicanos y para los hispanos en Estados Unidos. “Ellos se convertirán en el motor de la economía”, dice Gonzalez Baker. Un concepto que resulta difícil de digerir entre la población tradicional o anglosajona.
Muchos americanos rechazan a los inmigrantes indocumentados y mexicanos porque sienten que han invadido el país, Dice Gonzalez Baker. Pero las contribuciones de los inmigrantes son importantes para la salud económica de Estados Unidos. Especialmente porque la población tradicional esta comprendida en su mayoría por adultos y ancianos, la hispana es mucho más joven.
La economía de Estados Unidos va a necesitar de las contribuciones de la fuerza laboral hispana para poder sostener los programas de salud y de seguro social para los jubilados. Los inmigrantes “son muy productivos, tienen el interés, y tienen las ganas”, indicó Gonzalez Baker. Según vayan madurando las generaciones de niños y jóvenes hispanos ciudadanos, la composición de la población del país irá cambiando. Cuando estos menores alcancen la edad para poder participar de los procesos electorales el voto latino tomara más fuerza, y podría llegar a influir para que el gobierno federal apruebe una reforma migratoria.
Don Francisco Sánchez es un ejemplo del espíritu de superación y de la fe que muchos inmigrantes tienen en el país de las oportunidades. El ha vivido en Estados Unidos por más de veinte años. Acepta que la situación económica no está fácil pero asegura "la recesión es algo mental, debemos pensar que la economía está bien". Cambiando la mentalidad, dice Sánchez, las oportunidades florecerán.
Desafiando la crisis. Abrir un negocio fue la solución de don Francisco Sánchez contra la recesión.
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Mientras muchas familias siguen sintiendo los efectos de la mala economía algunos valientes
se han aventurado a desafiar la recesión. Tal es el caso de don Francisco Sánchez, quien decidió
abrir su propio negocio.
Conforme la economía de Estados Unidos siga sanando, la inmigración de mexicanos aumentará. Porque, según Gonzalez Baker, la inmigración no solamente es un proceso económico, también es un proceso social que reúne familias. El espíritu de progreso y el apoyo familiar que distingue a los mexicanos continuarán haciendo de Estados Unidos el país de las oportunidades.
Así es que como diría don Andrés: “a buscar, a buscar, y a buscar”.

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